Guerra en Ucrania: ¿una nueva crisis de los semiconductores a la vista?

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Escrito por Guillaume
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La producción mundial de ciertos gases depende en gran medida de la industria ucraniana.

La guerra en Ucrania, una tragedia humana como no se había visto en Europa desde hace más de veinte años, también está provocando malestar en la industria de los semiconductores, inevitablemente algo egoísta. Esta última había quedado muy dañada por la pandemia de Covid-19 y estaba empezando a recuperarse. La escasez en los nuevos sectores ha sido causada por el cambio de la demanda y las nuevas limitaciones logísticas. El mercado de las tarjetas gráficas -pero no el único- se ha visto especialmente perturbado.

Ahora, la invasión rusa de Ucrania está poniendo de manifiesto otras áreas de fragilidad. De hecho, como explica Ars Technica, resulta que para diseñar semiconductores hay que utilizar ciertos gases muy específicos. Este es el caso, en particular, del proceso de litografía o de ionización de superficies, en el que se utiliza el neón. Sin embargo, estos gases no pueden utilizarse de cualquier manera, deben ser de una pureza casi perfecta y pocas fábricas son capaces de producirlos.

Sucede que Ucrania se ha especializado en la producción de estos gases. Según la fuente, se calcula que, por ejemplo, entre el 50% y el 70% de la producción mundial de neón corresponde a empresas ucranianas. Si, por las razones que hoy conocemos, esta última no puede producir, toda la industria de los semiconductores estará preocupada. Recordemos que a la anexión de Crimea en 2014 le siguió una subida del precio del neón de casi el 600%.

El problema no se limita sólo al neón, ya que Ucrania es también un importante productor de criptón y xenón, que también se utilizan en la industria. Además, aunque los principales actores del mercado de los semiconductores ya están tratando de diversificar sus fuentes de suministro, varios observadores señalan que la oferta no es suficiente e incluso si se realizan inversiones para aumentar estas producciones alternativas, se tarda entre 6 y 12 meses en certificarlas. De hecho, la atención se centra en parte en China, otro gran productor, con una nueva dependencia.